En corto: el sábado pasado un millón y pico de personas se juntaron en las orillas de un río que pasa a ocho minutos de San Fernando. No fue un concierto ni un partido: fue una procesión que lleva repitiéndose 316 años. Quien mire Camarines Sur pensando en alquilar semanas conviene que sepa que existe esa fecha, porque es la que manda sobre todo el calendario de septiembre.
Qué pasó el sábado
El 19 de septiembre, a última hora, la imagen de Nuestra Señora de Peñafrancia bajó por el río Naga sobre una barcaza rodeada de embarcaciones pequeñas.
En las dos orillas había 1,2 millones de personas, según el recuento que dio la Policía Regional de Bicol. Naga tiene algo más de 200.000 habitantes. La cuenta sale sola: esa noche la ciudad recibió varias veces su propio tamaño.
Hubo un detalle que no había pasado nunca. La procesión se celebró de noche por primera vez en su historia, porque el río venía con la marea demasiado baja para sacarla de día. Trescientos dieciséis años haciendo lo mismo a la misma hora, y este año lo movieron. Nadie se quedó en casa.
Las dos fechas que organizan el mes
El festival no es un día, es un mes largo, y tiene dos cumbres.
La Traslación, el 11 de septiembre. La imagen se lleva a hombros desde su santuario antiguo hasta la catedral de Naga. Este año acudieron unas 820.000 personas, otra vez según el recuento policial. Va casi todo el mundo andando y va a mediodía, con el calor que eso supone en Bicol.
La procesión fluvial, el tercer sábado. Es la de vuelta y la que sale en las fotos: el río lleno de barcas, los voyadores (los devotos que cargan y acompañan la imagen, vestidos de amarillo) metidos hasta la cintura, y la gente apretada en los dos márgenes desde varias horas antes.
Entre medias hay novena diaria, desfiles, una competición de voyadores y un desfile militar regional. Casi un mes de cosas casi todos los días.
El dato que a un propietario le importa
Aquí está la parte que no cuenta ninguna guía de viajes.
El 16 de septiembre, el Gobierno filipino firmó la Proclamación 1444 y declaró festivo el viernes 18 en diecisiete municipios de Camarines Sur y Masbate, para que la gente pudiera ir. Bombon, Bula, Calabanga, Camaligan, Canaman y una docena más.
Que un gobierno nacional pare media provincia por unas fiestas dice dos cosas a la vez. La primera es cultural y se entiende sin explicarla. La segunda es de negocio: durante esa semana no hay cama libre en cuarenta kilómetros a la redonda, y los precios se comportan en consecuencia.
Por eso en la operación de alquiler esa fecha se trata aparte. Se pide estancia mínima más larga, se cierra el calendario a reservas sueltas de una noche y se sostiene el precio en lugar de ofertarlo. No es una ocurrencia: es lo que hace cualquiera que gestione alojamiento en Bicol y sepa lo que viene.
Es exactamente el mismo motivo por el que Semana Santa se planifica con meses de antelación en España. La diferencia es que aquí casi nadie de fuera sabe que existe.
De dónde viene todo esto
La devoción arranca en 1710, cuando un estudiante español de la zona mandó tallar una imagen inspirada en la Virgen de la Peña de Francia, la de la sierra salmantina. De ahí el nombre, que despista a cualquier español que lo oiga por primera vez.
Tres siglos después es la mayor concentración mariana de Luzón y la fiesta que define la identidad de toda la región de Bicol. La gente de aquí no dice el nombre completo: dice «Ina», que significa Madre, sin más.
Lo que sorprende al que llega de fuera no es el tamaño. Es que dentro de una multitud de un millón de personas, de noche y apretada junto a un río, el saldo del operativo policial fuera de cero incidentes graves. Lo dijo el propio jefe regional de la policía al cerrar la noche.
Ir sin ser devoto
Se puede, y va mucha gente que no lo es.
Conviene saber tres cosas antes. Alojamiento: buscar en septiembre para septiembre no funciona, hay que reservar con meses. Movilidad: el centro de Naga se corta, así que el coche estorba más que ayuda y se va andando. Ropa: calor, humedad y gentío, en ese orden.
Y una advertencia sobre las fotos: el río se llena de barcas y la orilla está vallada por seguridad. Lo que se ve bien se ve desde donde toca estar, no desde donde uno querría.
Por qué lo contamos
En este blog llevamos meses insistiendo en lo mismo desde ángulos distintos. El mercado a las cinco de la mañana. El hospital a doce minutos. El aeropuerto de Pili.
Peñafrancia es otra pieza de esa idea, quizá la más grande. Un sitio no se entiende por su paisaje, se entiende por lo que hace su gente cuando no hay ningún turista mirando. Aquí, una vez al año, la provincia entera para.
San Fernando está dentro de ese radio. Quien tenga una villa allí tendrá esa semana marcada en el calendario para siempre, por un motivo o por el otro: porque quiera bajar a ver el río, o porque su unidad esté llena desde hace meses.
Probablemente por los dos.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo cae en 2027? La fiesta grande es siempre el tercer sábado de septiembre, así que se puede planificar con un año de antelación. El calendario oficial completo lo publica la oficina de turismo de Naga unos meses antes.
¿Hace falta ser católico para ir? No. Es una celebración religiosa y se respeta como tal, y al mismo tiempo la ciudad entera está de fiesta esos días. Va gente de todo tipo.
¿Afecta a los vuelos y al transporte? Sí, y bastante. El aeropuerto de Pili y los autobuses desde Manila se llenan la semana previa. Quien vaya en esas fechas compra el billete con antelación o no va.
¿Esto encarece comprar en la zona? No tiene que ver. Afecta al precio del alojamiento por noche durante unos días concretos, que es un asunto de ocupación, no del valor del inmueble.