El wakeboarding creó una cultura alrededor del agua

Cultura · 6 min de lectura

En corto: en Camarines Sur el agua no funciona como paisaje de fondo, funciona como rutina. El CamSur Watersports Complex se mueve por cable y no cierra al terminar una temporada, así que nadie por aquí espera al mes bueno para meterse. De esa constancia salió algo que no estaba en ningún plano: una comunidad con sus horarios, sus caras repetidas y su manera de recibir al que llega por primera vez.

Un cable, no una lancha

Conviene empezar por lo mecánico, porque de ahí sale todo lo demás.

En un parque de cable nadie va detrás de una embarcación. El rider se engancha a una línea aérea que recorre el circuito sostenida por torres y esa línea tira de él vuelta tras vuelta, a velocidad constante, sin motor rugiendo al lado ni estela que esquivar. Parece un detalle técnico y es una decisión que cambia el ambiente entero del sitio.

Sin lancha no hace falta combustible ni piloto. Tampoco hace falta esperar a que el barco vuelva a por ti, porque la línea sigue girando y el siguiente turno entra detrás del anterior. El agua del circuito es plana y previsible, y eso baja la barrera de entrada de golpe: quien nunca se ha subido a una tabla puede intentarlo un martes por la tarde sin haber reservado nada la semana anterior.

Ese detalle explica por qué el complejo se llenó de principiantes en lugar de convertirse en un club cerrado de gente que ya sabía. Nadie sobra aquí.

Lo que cambia cuando el deporte no depende del calendario

Casi todos los deportes de agua viven pendientes de algo que nadie controla, y esa dependencia acaba marcando el calendario entero de quien los practica. La ola, el viento, la marea, los meses en que el mar se porta bien. El practicante organiza su año alrededor de esa ventana y fuera de ella se queda en tierra mirando el parte.

Aquí no. El circuito de cable funciona todo el año, y esa continuidad es la que construye comunidad. Un grupo que solo coincide tres meses al año no cuaja. Un grupo que coincide cada semana durante años acaba teniendo apodos, discusiones internas, gente que enseña a la gente nueva y un montón de rituales pequeños que nadie escribió.

Habrá días en que el tiempo mande. En Bicol llueve fuerte y a veces toca esperar. Pero esperar un día no es lo mismo que esperar a noviembre, y esa diferencia se nota en cómo la gente organiza su vida.

La comunidad se armó sola

Lo primero que llama la atención de un parque de cable es que la caída no avergüenza a nadie.

Caerse es parte del trámite. El principiante se cae al levantarse, se cae al girar, se cae al intentar el primer módulo, y desde la orilla lo que suena no es una broma sino un aplauso corto y sincero. Ese código no lo impuso ninguna dirección deportiva. Se formó porque todos los que hoy dan una vuelta limpia fueron el que se caía hace unos años.

Alrededor del agua fue apareciendo el resto. Gente que empezó a dar clases porque se le daba bien explicar, sitios donde comer barato después de una tarde larga, alojamientos pensados para el que llega con la tabla y con poco presupuesto, mecánicos improvisados que ajustan fijaciones. El complejo puso el cable. Lo demás lo puso la gente que volvía.

Y ese es el punto que más se subestima cuando se mira una zona desde fuera. Una instalación deportiva atrae visitantes. Una instalación deportiva que funciona sin interrupción atrae residentes, que es una categoría distinta y mucho más difícil de conseguir. Eso tarda años.

El agua no se acaba en el circuito

Sería injusto reducir la provincia a un parque de wakeboarding, porque lo que hay alrededor va en la misma dirección.

Hacia el este está la península de Caramoan, con islas de karst calizo, playas de arena blanca y ese tipo de navegación entre islotes que se organiza por la mañana con un barquero y se cierra al atardecer. Hacia el interior aparece el monte Isarog, volcán dormido y parque natural, con senderos, cascadas y aguas termales. Y está el lago Buhi, conocido por el sinarapan, uno de los peces comestibles más pequeños que existen.

Son planes distintos que comparten una raíz. Aquí el agua es el sitio donde pasan las cosas, no la postal que se mira desde la terraza.

Naga, el pulso de la zona

La ciudad que da servicio a toda la provincia es Naga, y su carácter también empuja en esta dirección.

Es ciudad universitaria, con comercio, hospital y vida nocturna moderada entre semana. En septiembre se celebra el Festival de Peñafrancia, una de las devociones marianas más multitudinarias de Asia, con una procesión fluvial que llena el río de gente. La cocina bicolana manda en las mesas: chile, leche de coco, platos como el laing o el pinangat, y las nueces de pili por todas partes.

Nada de esto es decorado turístico montado para la foto. Es lo que hace la gente que vive aquí, y esa es exactamente la diferencia entre un destino que se visita y un lugar donde uno se queda.

Por qué esto importa si piensas en San Fernando

Land of Nomads levanta sus eco-villas en San Fernando, dentro de esta misma provincia, y la cultura del agua condiciona bastante más de lo que parece.

Para el viajero que reserva una noche, significa que el plan existe todo el año y no depende de acertar con el mes. Para quien firma un leasehold y confía su unidad a la renta gestionada, significa que la demanda de la zona no se apaga cuando termina una estación concreta. Y para quien se plantea pasar aquí temporadas largas, significa encontrar una comunidad ya formada, que es lo más difícil de improvisar cuando alguien aterriza en un sitio nuevo.

El deporte trajo gente, la gente trajo servicios, y los servicios acabaron reteniendo a quien había venido por una semana suelta.

Preguntas frecuentes

¿Hace falta experiencia previa para probar el wakeboarding aquí?
No, y ahí está justamente media gracia del sistema de cable. El agua del circuito es plana y la tracción del cable es constante, así que la curva de aprendizaje es bastante más amable que la de los deportes de ola. Se empieza tumbado en el agua y se termina de pie, y los primeros intentos se resuelven en una tarde.

¿El complejo cierra fuera de temporada?
El sistema de cable opera todo el año, que es justo lo que lo distingue de las instalaciones que dependen del clima. El tiempo puede obligar a parar algún día suelto, aunque el calendario no se organiza por temporadas.

¿Y si el wakeboarding no me interesa nada?
La provincia funciona igual de bien sin tabla. Las islas de Caramoan, los senderos y las cascadas del monte Isarog, el lago Buhi y la cocina de Naga sostienen por sí solos el plan de una estancia larga sin subirse a ninguna tabla. El agua sigue cerca.

¿Está lejos de San Fernando?
Está en la misma provincia, en el eje de Naga y Pili, así que se llega por carretera dentro del mismo día y sin montar una excursión. Los vuelos desde Manila aterrizan en el aeropuerto de la zona en algo menos de una hora.

Vivir cerca del agua se cuenta mejor hablando que leyendo. Si estás valorando San Fernando como base o como destino, el equipo de Land of Nomads te explica cómo es la zona en la práctica y qué encaja con lo que buscas.

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